Diario de viaje: Escapada a Suiza

Sin duda alguna, soy de las que opina que Londres es increíble. Diría que es imposible aburrirse en esta ciudad, siempre con mil opciones para satisfacer todos los gustos imaginables. Pero por desgracia, lo que Londres no tiene es naturaleza , algo que a mi siempre me ha dado la vida.

Después de varios meses viviendo en la gran capital, surgía en mi la necesidad de respirar otro aire, de desconectar de una ciudad que nunca duerme…y aquí entra en escena mi amiga a la que llamaremos Aurora Boreal (por la luz que desprende), un culo inquieto que después de una larga temporada viviendo en Londres se mudó a un pueblito (algo perdido) de Suiza.

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Zürich a los pies de la gran Aurora

Mi deseo de cambiar de aires y de visitar a Aurora Boreal hicieron que comprase un billete de avión destino Zürich. La idea inicial era simplemente pasar un sábado y domingo, pero la casualidad, los astros alineados o lo que fuera, permitieron ampliar el viaje dos días más.

Primer día: llegada a Suiza con contratiempos

Aurora Boreal me esperaba en el aeropuerto. Como no era muy tarde decidimos hacer una parada en Zürich antes de ir a nuestro destino final, que sería Schmerikon. En Zürich paseamos siguiendo la orilla del Río Limago y callejeamos por la zona centro. En una de estas calles, sentadas en un banco, dos valientes sacaron un tupper y se pusieron a cenar a 2 grados bajo cero, aproximadamente 🙂

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Cuando el frío comenzó a atacar con más fuerza decidimos poner rumbo en tren a Schmerikon, aunque para llegar hasta allí primero tendríamos que hacer una parada en la localidad de Rapperswil. Una vez hicimos el cambio de tren en Rapperswil, podíamos tocar Schmerikon con la punta de los dedos, pero las puertas del tren decidieron no abrirse (o quizás nosotras fuimos muy lentas, no lo sé) y tuvimos que bajar en el siguiente pueblo, Uznach, a 3 kilómetros de distancia. Eran las 11 y media de la noche y no había más trenes de vuelta, así que decidimos ir a pie hasta Schmerikon, de noche, con un frío helador y además una maleta de la mano. Bendito Londres y su transporte 24/7.

Intentamos tomarnos con humor el hecho de tener que caminar 3 kilométros a esas horas y con ese frío asesino y finalmente llegamos a Schmerikon, directas a dormir.

Segundo día: Descubriendo Zürich

Después de descansar tras una primera noche agitada, amanecimos en Schmerikon con unas vistas muy difíciles de olvidar y que nos acompañarían cada mañana de la estancia en Suiza.

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El lago que se aprecia en la fotografía es el Lago de Zürich, también llamado Zürichsee, de 40 kilómetros de longitud. Para entender cuán extenso es, el lago que veíamos desde Schmerikon es el mismo que el que puede verse en Rapperswil y Zürich.

Después de un merecido y contundente desayuno pusimos rumbo Zürich, para lo que tuvimos que tomar un tren hasta Rapperswil y allí otro hacia nuestro destino final.

Una vez en Zürich y a pesar del horroroso frío (algunos días llegamos hasta los -7 grados) caminamos por las calles más céntricas situadas a los lados del río Limago, en dirección hacia el lago. Descubrimos un fantástico mirador, calles de cuento, fuentes congeladas, algunos lugares emblemáticos como la ópera y chocolaterías demasiado irresistibles.

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Al final del río Limago se abría ante nosotras el gran lago de Zürich, donde aprovechamos para hacer un poco el cabra y donde además pudimos disfrutar de música en vivo.

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Un poco de yoga

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Teatro flotante en el Lago Zürich

 

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Aprendiendo el lenguaje de las gaviotas

Tercer día: Rapperswill, ciudad de cuento

Así es como describiría la localidad de Rapperswill, como un lugar sacado de un cuento. Y como no puede faltar en los cuentos, Rapperswill también posee un increíble castillo de la Edad Media que se alza sobre una colina en el centro de la localidad.

A medida que nos acercábamos al castillo, nos íbamos dando cuenta de que Rapperswil tenía un encanto especial. De hecho al final del viaje decidimos que había sido sin duda nuestro lugar favorito.

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Calles de Rapperswil

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Rapperswil de cuento

Las vistas desde lo alto de la colina (justo al lado del castillo) son simplemente espectaculares.

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Vistas desde la colina del castillo

Después de corretear un poco por el castillo nos dispusimos a bajar la colina, pero esta vez decidimos hacerlo por este larguísimo tobogán 🙂

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Tobogán, sólo para valientes

Después de descargar adrenalina, Suiza nos regaló una de las estampas más bonitas del viaje, como no, a orillas del lago.

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Atardecer junto al lago en Rapperswil

Más alejado del centro histórico de Rapperswil, hay una pasarela sobre el lago. Varios cisnes nos hicieron compañía durante este paseo y las montañas posaron con sus mejores galas para nosotras.

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Cisne sobre el lago

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Cuarto día: explorando Schmerikon

El último día de mi estancia en Zürich lo dedicamos a descubrir el pequeño pueblo de Schmerikon. Como os contaba al principio del post, Schmerikon, Rapperswil y Zürich comparten lago, así que nos fuimos a caminar por los alrededores para capturar los paisajes más bonitos.

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Estancia corta pero intensa, dedicada a desconectar y a respirar aire puro. Gracias, Aurora Boreal, por hacerlo posible.

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